No se si a alguna os habrá pasado, pero yo lo primero que hice nada más decidir que quería ser madre fue hacer una lista de nombres (maldita lista, por cierto, yo creo que me ha dado mala suerte, la jodía). Nombres masculinos y nombres femeninos. Por supuesto, más extensa la femenina. La naturaleza ha sido injusta con la mujer en muchos aspectos de la vida (las hormonas nos traen de cabeza, tenemos la regla, para orinar tenemos que agacharnos, etc....) pero el hombre (en el sentido más amplio de la palabra), es decir, el ser humano, se ha encargado de beneficiarnos en cuestiones estéticas, tenemos cientos de tratamientos para mejorar nuestra belleza; diseñan, confeccionan y venden ropa, calzado y complementos por doquier; podemos usar falda (ellos también, pero el tímido intento que hizo Miguel Bosé, no resultó muy exitoso) y llevar el pelo largo (como ellos, pero para cuando un chico consiga cuidarse el pelo con la suficiente entereza como para permitirle llevarlo largo, todos seremos ya pelones). No sé, mil cosas, que tenemos tan interiorizadas que damos por hecho que son así.
Aún debo tener las listas por ahí, al principio las actualizaba, pero ya no las he vuelto a mirar, me ponen triste, me descorazonan. Soy así. De momento, a nuestro proyecto futuro, le llamamos Telmo. No es un nombre que nos guste especialmente, pero tiene su porqué. Cuando ya llevábamos algunos meses de búsqueda, mi chico un día llegó a casa y me dijo: he conocido a un niño que se llama Telmo. Cuando tengamos un bebé, quiero que sea como él. Desde entonces, cada vez que nos referimos a .....le llamamos Telmo y, lo peor, es que ya nos hemos acostumbrado.
El otro día, mi chico ha llegado a casa y de sopetón me suelta: Telmo se está haciendo mayor, no veas lo alto que está (refiriendose al Telmo de verdad, no a nuestro Telmo virtual). No dije nada, pero me entró una tristeza por dentro. ¡Cuánto tiempo llevamos buscando, madre!
VERANO MOVIDITO
Hace 4 semanas





