14 de noviembre de 2012

Y tú ¿para cuándo?

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Hoy ha vuelto a ocurrir. Además, sin esperarlo. Yo no se si la gente es imprudente, temeraria, metomentodo o simplemente "tocapelotas", pero ya estoy muy harta de escuchar la frase del siglo: y tú ¿para cuándo?. He pensado que voy a empezar a contabilizar el número de veces que la gente pronuncia esa frase, la frasecita de las narices. Y es más, voy a empezar a decir "yo no puedo tener hijos, soy estéril" a ver qué cara se les queda a los interfectos cuando reciban una respuesta que no esperan. Caben varias posibilidades. Una es que se pongan más rojos que un semáforo y nunca más se vuelvan a meter donde no les llaman, porque hasta donde yo sé, la maternidad es una opción, nunca una obligación. La otra posibilidad es que se alegren del mal ajeno, si, como lo oyes, hay mucha gente que se alegra de que a los demás les salgan las cosas mal o regular (peor para ellos, porque debe ser un sufriento estar todo el día pendiente de si al de al lado le va peor que a mi, qué desgaste, ¿por Dios!). La otra opción es la del cotilla, que no contento con lo espetado, todavía siga indagando los motivos de tan abrupta respuesta. Y ¿eso?

Desde luego, la que más me convence es la primera y me encantaría tener el valor de decirle a todo el mundo que sí, que no tengo hijos aún, porque tengo problemas reproductivos. Pero, la presión me puede, lo reconozco. Es un tema tan íntimo, tan personal, tan doloroso, que sólo pensar que pueda ser utilizado contra mi o que esté en boca de unos y de otros, me entran escalofríos. 

Así que, además de contar el número de veces que oigo (porque ya no pienso escucharla, está decidido) la dichosa frasecita, pondré cara de circunstancias y con la mejor de mis sonrisas diré: "yo estoy muy bien así, no quiero complicarme la vida"


12 de noviembre de 2012

Hoy le quiero un poco más, si cabe

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Hoy, realmente, he sentido su presencia. El que esté a mi lado en estos momentos, me da ánimo. Era la primera vez que acudía conmigo a la consulta de reproducción y eso me llena de alegría. Si, es un poco contradictorio, ir a un sitio así, alegre. Pero es que, cómo se ven las cosas cuando una está acompañada. Tienen otro color, otro matiz, incluso otra dimensión. Las preocupaciones, las angustias y los agobios se dividen entre dos y ¡cuánto vale eso, madre! Hoy, me siento orgullosa de mi pareja, de su compañía. Aunque ya nos hemos hecho las primeras pruebas, cada uno por su lado. El trabajo y otros quehaceres no nos han permitido ir juntos. Hoy, él ha hecho un gran esfuerzo, que yo valoro mucho más que el regalo más maravilloso. Gracias por lo de hoy, mi pocholy. Te quiero.

Y llegan los primeros pinchazos

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Después de ocho largos meses de espera, la primera consulta no duró más de 10 minutos. Un poco decepcionante, pero bueno, así es el protocolo y, como tal, hay que respetar. En esa cita, una enfermera te hace una ficha exhaustiva con los datos vitales básicos, historial médico, un recorrido por los antecedentes familiares, tratamientos recibidos y hábitos sexuales, entre otros. Te mide y pesa y te manda ya las primeras pruebas. Dos pruebas de sangre, una al comienzo del ciclo menstrual, entre los días 2 y 5 del ciclo, la otra al final, entre el 23 y 25. Al chico, análisis de sangre y espermiograma.

Ahora comienza lo realmente duro, me río yo de la espera.

El primer análisis de sangre es para descartar la existencia de cualquier enfermedad de transmisión sexual y, al tiempo, medir los niveles hormonales. El día que vas al vampiro, te extraen cinco tubos de sangre, sí cinco, he dicho bien. Las mujeres somos complejas hasta en esto. Nuestras hormonas cumplen diferentes funciones en cada momento del ciclo menstrual. Por eso, el primer análisis hay que realizarlo entre el día 2 y el día 5 de ciclo, contados a partir del día que empiezas a manchar. El segundo análisis se realiza entre los días 23 y 25 de ciclo. En ellos, se miden, al menos, tres grupos de hormonas. Un primer grupo son las llamadas del eje hipotálamo-hipófisis-ovario, que son las que regulan el ciclo menstrual, y estas son la FSH u hormona folículoestimulante, LH u hormona luteinizante y estradiol. Mientras el estradiol evalúa la cantidad de estrógenos presente en el organismo, ya que demasiado estrógeno podría afectar negativamente a la calidad de los óvulos, la hormona folículo estimulante (FSH) y la hormona luteinizante (LH), si están por encima de unos determinados valores indican problemas en los ovarios (fallo ovárico primario). Bajos niveles de HL y de FSH indican desorden o trastorno en la glándula pituitaria o en el hipotálamo, causantes también de problemas de infertilidad. Un segundo grupo son las hormonas tiroideas, que regulan la función de la glándula tiroidea y que son importantes para la correcta evolución de la gestación. Entre ellas, se analizan, sobre todo la TSH u hormona estimuladora del tiroides, y la T3/T4. Por último, es imprescindible un estudio de la prolactina (PRL), la hormona que regula varias funciones endocrinas en el cuerpo, sobre todo la producción de leche materna, pero también puede influir en el ciclo menstrual. 

Unos niveles adecuados de estas hormonas indican que los ovarios realizan su función correctamente, o lo que es lo mismo y en cristiano, que no están viejos ni agotados para producir óvulos.

En el caso de los chicos, aunque las pruebas son más sencillas, el trago tampoco es fácil. Ellos también tienen que hacerse un análisis de sangre para descartar enfermedades de transmisión sexual como el VIH o la Hepatitis B. Además, tienen que hacer uno o varios seminogramas o espermiogramas. Si en el primero todos los valores salen bien, no se repite. Si algún valor sale alterado, se hace otra prueba pasados tres meses, que es el tiempo que se estima tarda en regenerarse el esperma. La prueba en sí analiza una muestra de semen, obtenida mediante masturbación y después de un período de abstinencia mínimo de entre 3 y 5 días. El tiempo en la recogida de la muestra es muy importante y nunca debe pasar más de media hora desde su extracción hasta su entrega en el laboratorio, porque perdería valor. En ella se valoran parámetros como las características físicas del esperma, densidad seminal, motilidad y morfología.

(este post no tiene ninguna pretensión científica, ya que es un resumen de toda la información que yo fui recopilando antes de hacerme las primeras pruebas)

5 de noviembre de 2012

Ocho largos meses de espera

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Cuando fuí plenamente consciente de que no me quedaba embarazada entré como en una especie de estado de 'shock'. Evidentemente, mi subconsciente era capaz de adivinar lo que venía a partir de ese momento y eso era, seguramente, lo que me mantenía paralizada. Me pasé días ensimismada, distraída, envuelta en una fina neblina, fría, húmeda, que me aislaba de todo y de todos. No podía pensar, no podía trabajar, no podía dormir, no era capaz de tomar una decisión. Un estado de aletargamiento que duró poco más de quince días, quince días eternos. A partir de ahí, tomé aire, miré al frente y decidí afrontar definitivamente que empezaba un duro camino, sin trazado definido y sin final determinado. Pero, quería hacerlo y me sentía con fuerzas. Había decidido ser madre y no estaba dispuesta a abandonar mi objetivo así como así. 

Lo primero que te planteas cuando tienes que buscar ayuda médica es ¿dónde acudo? ¿sanidad pública o sanidad privada? Durante semanas estuve dándole vueltas y más vueltas a este tema, sopesando los pros y los contras de ambas opciones y poniendo en una balanza las ventajas y los inconvenientes de decantarme por una de ellas o por las dos al mismo tiempo.

El primer paso fue ir a la Seguridad Social. Mi comunidad autónoma es una de las que tienen una unidad de reproducción, que trata problemas de infertilidad. Tenía ya tenía 35 años y estaba a punto de cumplir los 36, así que no podía pararme a pensar en exceso. Y, desde luego, lo que no me podía imaginar era que iban a tardar la friolera de 8 meses en llamarme para una primera consulta. Ocho largos y tediosos meses, sólo para una primera aproximación al problema.

Cualquier mujer en mi situación se puede imaginar la angustia que pasé en esos ocho meses, siempre acompañados de un hilito de esperanza por si en algún momento la naturaleza obraba un milagro. Pero no fue así, seguí mes a mes recibiendo la visita de mi menstruación, vivaracha y puntual. Cuanto más insistente se hacía su presencia, más decaído estaba mi ánimo.

Entretanto acudí a un centro privado a realizarme una exploración ginecológica completa, que estaba dentro de los parámetros normales. Mientras, seguía esperando tan ansiada cita y aprovechando la espera para informarme de los centros de reproducción asistida que más cerca que quedaban de casa y con mejores referencias. En definitiva, empezar a tirar del hilo de una madeja que tiene cientos y cientos de metros…….

Cuando ya estaba plenamente convencida de ir a un centro privado, apareció Murphy con su Ley. Sí, me llamaron, por fin. Ya estoy dentro del Sistema Público de Salud. Ahora todo será coser y cantar, seguro (qué ingenua).

 

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